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El Signo del amor de Cristo

La manera en que   una pareja sacramentada se ama, es un signo y un reflejo de la forma en que Cristo nos ama a todos nosotros, su Iglesia.

En el transcurso de mi vida han habido personas y parejas que me han movido y que han tenido un significado muy especial para mí.  

Sin embargo, hubo una pareja en especial que me motivó y me impactó   de   forma muy profunda y significativa.   A pesar de todos los desafíos que   llevaban juntos (cerca de 56 años), su amor del uno por el otro se reflejaba todavía en sus gestos y actitudes constantes, en sus cuidados del uno por el otro, en el apoyo   que se brindaban siempre…   y, sobre todo, durante sus enfermedades y tristezas más fuertes.    

Yo veía claramente su amor en sus abrazos y besos cariñosos, en la forma de hablarse y respetarse, aun dentro de sus bromas y risas alegres.

Ella, mi madre, está desde hace varios años en silla de ruedas, con una pierna amputada, y es diabética.

Mi papá sufrió durante sus últimos 4 meses los efectos más patentes y dolorosos de un cáncer que finalmente lo llevó a la tumba.   

Sin embargo, a pesar de todos sus achaques, dolencias y malpasadas, su amor y su dedicación mutua casi no se empañó; al contrario, se hizo cada vez más intensa en su relación de pareja sacramentada.

El verlos así, juntos y cariñosos, me invitaba y me retaba fuertemente a echarle los kilos, a esforzarme por vivir con Tere una relación más comprometida, más profunda y más  llena de amor. 

 Todavía tengo muy vivo su recuerdo.   Me gusta tanto cómo se escuchaban uno al otro y cómo se esforzaban por comunicarse, aunque estuvieran disgustados, o, aunque mi papá se estuviera quedando medio sordo. Me daban ganas de imitarlos, de arriesgarme más a compartir con Tere todas mis tristezas, mis temores y alegrías.

Me atraía mucho (y me atrae ahora más que nunca) su ejemplo a seguir; sobre todo después de ser testigo de aquella tierna escena de despedida, en el lecho de él, mi madre sentada en la orilla de la cama. Imagen muy querida, que llevo bien grabada en mi corazón…Ahí pude ver y palpar el verdadero amor de Cristo hecho toda una hermosa realidad a través del Matrimonio. Pude ver a una pareja sacramentada viva, de carne y hueso…En esas miradas y esas frases tan llenas de amor y de ternura, que ya las quisieran muchos jóvenes enamorados… La blanca cabeza de mi madre entre las grandes y fuertes manos de mi padre, temblorosas de tan viejas y de tan enfermo. Él le decía “¡mira nomás qué bonita te ves con tu pelo tan blanco y brillante!  Te voy a poner un pedestal aquí, cerquita de mí, para estarte viendo todos los días”. Y luego ese abrazo y ese beso tan amoroso, tan dulce, y tan lleno de nostalgia por la ya tan próxima separación, por el adiós definitivo a toda una vida juntos… Mis hermanas, Tere y yo, en un rincón observábamos en silencio, llorando, emocionados, enternecidos y maravillados de tan hermosa demostración de su gran amor. 

Ahí quedó una gran lección de vida para mí. Un inolvidable y hermoso recuerdo. Un reto y una fuerte convicción: Sí se puede.

Sí es posible el Amor de Cristo entre esposos. ¡Sí, el Sacramento del Matrimonio tiene que ser creación de Dios! 

 

Victor Jurado 

Ciudad Juarez, Chihuahua

Revista El Espíritu del Encuentro Mayo-Junio del 2000

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Gente como de otro mundo

Para la gran mayoría de nosotros, entrar a nuestro fin de semana fue, entre otras muchas cosas, el descubrimiento de un mundo diferente.  Desde la manera como nos recibieron el viernes, luego el equipo que compartió su vida, y las parejas que vimos después …, todo parecía como de otro mundo.  

Nos parecieron locos, soñando con un tal “mundo nuevo” y convencidos de que era posible luchar por conseguirlo.

Seguimos en el camino de este mundo diferente y la primera vez que fuimos hospedados en la casa  de  una pareja que  no nos  conocía, nos  quedamos  sin podernos explicar cómo y por qué  nos   estaban  dando  su  confianza, su  cariño  y  su única recámara.   

¿En dónde dormirían ellos y sus 2 hijos?

Vimos también sacerdotes que no predicaban, ni daban consejos, sino que compartían acerca de sí mismos, de sus miedos, de sus preocupaciones, de sus ilusiones.   

Sacerdotes que nos retaban para que viviéramos intensamente nuestro diálogo y nuestra vida sexual como pareja Sacramentada. 

¡Qué mundo era este!

Vimos parejas que no reparaban en esfuerzos, horas de trabajo, vacaciones invertidas en su servicio, sin importar no solo que esto les ocasionara gastos, sino que también les implicara  perder oportunidades de  tener mejores ingresos.

Vimos hombres “machos” convertirse en esposos respetuosos y tiernos.  

Vimos mujeres salir de la nada para convertirse en verdaderas personas, positivas, capaces de renunciar a su acostumbrada manipulación.

Vimos sacerdotes que hicieron cambios importantes en su manera de tratar a la gente de su parroquia, estando más cerca de ellos, tomando más  en cuenta la opinión de  quienes colaboraban  con  él,  dar todo su valor e importancia  al trabajo  de las  Religiosas.

Eso y muchas cosas más nos iban maravillando y haciendo desear no salirnos nunca de ese mundo nuevo para caminar con ellos y soñar con ellos. Sin embargo, si permanecemos cerca de estas parejas y sacerdotes, poco a poco como que empezamos a acostumbrarnos y a ver como normal todo eso que nos maravilló al principio.

¡Es una lástima!   

Porque si perdemos esa capacidad de admirarnos, perdemos también la capacidad de seguir experimentando esa urgencia por mantenernos en la lucha por nuestra relación en primer lugar, para que cosas así hagan realmente un cambio en este mundo. 

 Si dejamos de admirarnos, tal vez también dejemos de lado el compromiso que teníamos con ese sueño de cambiar al mundo.

Por eso, con los ojos bien abiertos, apreciamos el cariño de las parejas y de sus hijos cuando nos dejan un detalle elaborado por sus propias    manos para adornar nuestras mesas en alguna junta de trabajo o en alguna experiencia de renovación.

Con los ojos bien abiertos nos sorprendemos, cada vez que vemos a   parejas cocinando y sirviendo la mesa en un fin de   semana para   abaratar los costos.

Con los ojos bien abiertos nos maravillamos y descubrimos la grandeza de nuestros líderes cuando escuchan, cuando son sensibles a  la  gente, cuando se alegran sinceramente y hasta se enorgullecen en público y en privado   por los logros de otros en lugar de querer lucir ellos. 

En Encuentro Matrimonial contamos con líderes así, lo acabamos de constatar.

Por ello, no nos queda más que decir:

Gracias Señor, por esos líderes. 

Gracias Señor, por esas parejas y sacerdotes cuya labor muchas veces no parece notarse.

Gracias Señor, por muchas otras cosas más que hemos visto, pero que no hay   espacio para mencionar   aquí y también por lo que no hemos visto pero que sabemos está ahí.

Gracias Señor, porque con todo esto, constatamos que es real el cambio del mundo y así, recobramos la esperanza y renovamos nuestro empeño de seguir adelante con ellos.

Fernando y Tere Kohrs

oracion

La oración sí es efectiva

Con gran júbilo y esperanza estamos ahora en Monterrey celebrando nuestro 1er Fin de Semana.

¡Qué alegría!, no hace ni 6 meses pedíamos en otro artículo que sus oraciones se uniesen a las nuestras y al esfuerzo que se estaba llevando a cabo.

Y el gran regalo ha llegado, el Señor tiene sus caminos, y Él se vale de muchas cosas para que nos preparemos en lo material, y muy en especial en lo espiritual.

Hoy ha llegado el momento, y con grandes sorpresas, pues entraron en el equipo Fernando y Carmelita López, de nuestra comunidad además participa en el F.D.S. un sacerdote y 2 religiosas y 17 matrimonios, un buen comienzo. Regalo de lujo del Señor.

Todavía no terminamos con las emociones, cuando ya tenemos la fecha para el próximo F de S. y nos hemos preguntado ¿Cuándo nos tocará el Nacional?

La clausura. Increíble todos los hijos con su clavel entraron corriendo y se confundieron con las parejas en medio de su azoro, risas, lágrimas y emoción.

Éramos pocos, claro apenas somos 10 parejas, pero trabajamos con gran entusiasmo y alegría pues como nos dijo el Padre Fernando, ahora que ya nació “el niño”, hay que cuidarlo y todos nos sentimos con la responsabilidad de hacerlo crecer y llevarlo a todo el Estado de Nuevo León y estados vecinos.

Nos sentimos emocionados al ver que nuestro runo es una realidad, y con las nuevas parejas y la oración que se deja sentir pronto seremos un montón.

Con amor,

La Comunidad de Monterrey

rosario

Por qué rezar el Rosario

Hoy más que nunca, en una sociedad acechada por el materialismo, la secularización y tantas otras tentaciones que nos arrastran, necesitamos fortalecernos con la Oración. Siendo la familia la célula de la Iglesia y de la Sociedad, es aquí donde es más importante fomentar la Oración y una de las maneras más sencillas y al alcance de todos es la Oración del Santo Rosario.

Es una Oración plenamente evangélica, ya que del Evangelio toma los misterios que se meditan y “las palabras” que se rezan (El Padrenuestro y el Ave María).

Es una oración que se centra en la Historia de Salvación, a partir del anuncio de la Encarnación hasta los momentos culminantes de la Pascua.

Es una Oración profundamente Cristológica, ya que el protagonista no es María, sino Cristo.

Es una Oración que, además de sus alabanzas y peticiones, incluye un margen notable de contemplación; sin ese clima de meditación, el rosario sería como un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en una mecánica repetición de fórmulas.

Es la Oración por excelencia de la Familia Cristiana, “Iglesia Doméstica” guiados por María, hacia Jesucristo, nuestro único Salvador.

Por otra parte, también rezamos el Rosario, porque necesitamos decirle a nuestra Mamá del Cielo que la queremos mucho. iSÍ!, cuando tú amas a alguien no te cansas de decírselo, ni la persona de escucharlo; a todos nos gusta que nos lo digan, porque es algo maravilloso escucharlo; pues es eso lo que hacemos al repetir tantas veces el Ave María.

A todos nos gusta que nos digan cosas bonitas de nosotros mismos, a las mujeres más todavía; con las letanías le decimos “piropos” a nuestra Madre María.

¿Y TÚ NO LE QUIERES DECIR CUANTO LA AMAS?

Sor María Dolores

Hermanas Clarisas Capuchinas

Diócesis de Tabasco

escribir

Nuestros hijos nos escriben

Ma y Pa:

Hoy ha sido un día muy grande. Este día para mí no sólo fue aprender a compartir sino a dar todo lo que pueda dentro de mí. Mi corazón estuvo vacío por mucho tiempo hasta que pude comunicarme con ustedes.

Ahora yo he visto que la comunicación es sumamente importante y por esto me gustaría agradecerles el haberme traído y el darnos permiso de venir. Yo creo que el permiso no fue difícil de pedir ya que ustedes nos han enseñado que en Encuentro todo es amor y paz. También pienso que cuando ustedes se atrevieron a entrar a encuentros, digo esto porque ya sé que tenían miedo, me dio mucho gusto ya que tenía una sospecha de que lo que aprenderían no sólo iba a ser para ustedes sino para nosotros también.

Por un tiempo a nosotros nos olvidaron todos los grandes, esto me dio a entender que lo que querían los de encuentros era llevarlos lejos de mí. Siento después de esto,  que Io que llegué a pensar no era cierto. Les pido perdón por lo mal que llegué a pensar de ustedes, pero esto es más que la verdad. Después de que Norma y Lina vinieron a la casa, me dio una gran alegría el ver que Pepe y Chave vieran que necesitábamos a alguien de nuestra edad en nuestra casa, ya que siempre nos tocan a los Obispos, y gente grande. Para mí esto hizo cambiar un poco mi opinión de lo de antes pero no totalmente.

Después de esta convivencia aprendí y me di cuenta que los hijos de encontrados son los que más importan para todo. Les doy todas las gracias que tengo dentro de mi corazón, por todo lo que nos han dado, especialmente a mí, por todo lo que no necesito. Lo único que necesito es su amor.

Su amor es lo más importante para mí. Otra vez gracias por todo lo que me han dado, como el amor y perdón; por lo que no les he dado las gracias y no he aceptado ni compartido con ustedes. Para mí esto ha sido algo inexplicable.

Los amo con todo mi corazón, Maggie los ama.

Me llamo Adriana Margarita Rodríguez y me dicen Maggie. Tengo 14 años. Soy hija de Edgar y Uge Rodríguez.

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